¿Para qué seguir esperando si sabes que no va a venir? ¿No sería mejor que entrases en casa y te cambiases? Estás empapada. Este es el 2º chico que pasa. Se parece a él. Pero solo se parece, este es mas bajo y además el tiene una sonrisa mas bonita. Mucho mas bonita. Estás empezando a tiritar de frío y los mechones de pelo empapados se te pegan a la cara.
Vendrá, te dará un abrazo, un abrazo de los suyos, de esos que quitan el frío. Y después un beso. O tal vez del revés. Y luego te cogerá de la mano y correreís hasta casa. Y te quitará la ropa solo como el sabe, ni despacio ni rápido, ni con rabia ni con parsimonia. A su manera. Y entonces sí. Entrarás en calor.
Mientras fantaseas, otro chico vuelve a pasar por delante. Tampoco es él. Este ni siquiera se le parece.
Tus zapatos parecen pequeñas barcas. El agua en la cara apenas permite que te des cuenta de las lágrimas. Mejor así.
Muerta de frío, empapada, llena de rabia y con los ojos desbordantes decides esperar. ¿Por qué? Porque tu eres así, terca.
Allá tú. Acabarás muriendo de frío.
Intentaré no tardar mucho en volver.
Texto: A. Bargiela (o sea, yo)
Fotos: http://www.flickr.com/photos/aseed/


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